1858: Martes, 9 de Noviembre (PARTE II)

Carnicería en la 30ᵀᴴ Street

En la entrada anterior, cité (casi) íntegramente lo que el Diario de la Marina presentó a la sociedad habanera sobre el caso Gouldy. Una traducción confusa cuyas licencias priorizaron los detalles dramáticos obviando elementos de importancia.

The Jeffersonian 1.1Hoy traigo fragmentos de la versión oficial perteneciente al New York Evening Post. Pero, como el archivo de esta fecha no estaba en la Biblioteca del Congreso, elegí el mismo texto a partir de las páginas del The Jeffersonian. Juguemos entonces al “detective de la antinoticia”. Sumario:

The Jeffersonian

1) ¿Quién era el padre de familia?

Mr. Gouldy tiene aproximadamente cincuenta años de edad. Es tesorero de la Iglesia Metodista. La misma iglesia en la que un loco le disparó a Mr. Crawford, el pastor, mientras estaba en el púlpito, el domingo en la tarde, hace apenas una semana. Con anterioridad, Gouldy fue comerciante de madera y se había retirado del negocio con una amplia fortuna. Su congregación lo considera un cristiano ejemplar y, para quienes lo han conocido, es un ciudadano honorable.

Destacado: Ese templo neoyorquino debió examinar las porciones de mala suerte que le llovían como maná del cielo. En Cuba, tal fenómeno se denomina «Salación».

2) El carnicero pierde todo interés por la religión, típico argumento del XIX para clasificar los perfiles de criminales o adictos:

Frank [Francis G.], el asesino, fue llamado para el avivamiento del invierno pasado, y se integró a la congregación de manera provisional, o “período de prueba”, que es como generalmente se conoce. Sin embargo, en apariencia pronto perdió todo interés en la religión; volvió a los hábitos que su padre creía Frank había renunciado para siempre.

3) Declaraciones del oficial Curry esclarecen los malos hábitos de Frank que tanto molestaban al padre:

El Capitán Curry, Distrito veinte, declara que estaba familiarizado con Mr. Gouldy a quien, años atrás, antes de dedicarse al comercio, había llevado a la oficina estatal, en la parte baja de la ciudad. En ese tiempo, Francis no había adquirido malos hábitos y se ha dicho que estaba libre del uso de bebidas tóxicas.

[…]

Rumores llegaron con lujo de detalles hasta sus padres que Francis había sido visto en lugares de mala reputación, y con una compañía inapropiada.Ello estimuló el mal genio del caballero que comenzó a contemplar acciones más radicales. Tuvo una terrible discusión con su hijo que abandonó el hogar, taciturno y furioso, mascullando venganza.

Destacado: Ya sospechaba que el joven Gouldy era alcohólico. Pero, cuáles podrían ser los espacios de mala reputación en el New York de hace dos siglos. En las películas de época, los lugares comunes son el prostíbulo, los bares marginales o los guetos.

4) ¿La noche del asesino? Posición legible de las víctimas.

Frank llegó a la casa ayer sobre las 10 de la noche. La familia se había retirado, a excepción del padre que estaba sentado en un cuarto delantero del segundo piso. Su esposa estabaThe Jeffersonian 2.1 acostada en la habitación contigua. Y los dos niños estaban en una cuna en el cuarto de su madre.

Mrs. Gouldy afirma que cuando Frank entró, ella estaba por irse a la cama y que él le dijo, “¿Por qué, madre, estás todavía despierta?”― “Sí, Frank,” fue la respuesta, “Todavía estoy despierta.”

Destacado: Queda demostrado, la réplica ¡Madre, oh madre!” del Diario de la Marina, fue un invento del reportero. Después de tres hachazos en la cabeza, tampoco bajó a la primera planta, cual zombi sangriendo, cuando llegaron los agentes. Pienso: ¿cuántas noticias alteradas habré leído?

Resumen del resto

Frank repartió hachazos por toda la casa. Mary Eliza se encerró al escuchar los gritos. Desde la ventana de su cuarto dio la única alarma ¡Asesinos!” que trajo a los dos policías y parte del vecindario. Los agentes Morehouse y Hull se encontraban en la esquina de la avenida Novena. Llegaron. Forzaron la puerta. Disparos provenientes del tercer piso (Francis no se había suicidado por la culpa sino porque se supo descubierto). Escaleras arriba, fueron encontrando los cuerpos. Todos estaban vivos cuando llegó el Doctor John G. Sewall para los primeros auxilios.

The Jeffersonian incluyó un breve informe médico de la cantidad y gravedad de los hachazos per caput que repartió el carnicero. Adjunto los párrafos para los lectores morbosos:

The Jeffersonian 3.1

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1858: Martes, 9 de Noviembre (PARTE I)

Carnicería en la 30ᵀᴴ Street

Los vapores correo atracaban en el Puerto de La Habana con noticias de ultramar. Como de costumbre, el mensajero llevaba un fardo de periódicos extranjeros hasta la sede del Diario de la Marina, “decano de la prensa cubana”.

Días después, los abonados leían traducciones criollas y libérrimas como la del «Caso Gouldy», cuya resonancia se hizo patente en las primeras planas del informativo isleño.

Nótese que respeto en lo posible tanto la ortografía del XIX como los errores del redactor:

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Nueva York, octubre 30.

Indisputablemente ningún hecho puede llamar la atención con mayor fuerza que el ocurrido en la calle 30 de esta ciudad el mártes por la noche.

Francisco A. Gouldy era un jóven de costumbres relajadas que gustaba de estar fuera de su casa hasta muy tarde en la noche. Su padre le reñía por causa de este desórden; pero le daba todo el dinero que quería. Su padre es un hombre escelente, pero tal vez demasiado bueno. Últimamente quiso poner freno á la conducta desordenada de Francisco y le acortó la medida de sus gastos pecuniarios. El jóven (tenía 19 años) se exasperó, y abusando de la confianza que su padre le dispensaba estrajo la libreta de la caja de ahorros donde el honrado anciano le tenía depositados 50 pesos y tomó parte de ellos para gastarlos.

El mártes vino Francisco tarde á su casa, como de costumbre, y su padre le afeó el hecho de la sustracción de la libreta. Él se escusó diciendo que el dinero le pertenecía á él, aun cuando su padre hubiese hecho el depósito, y se retiró á su cuarto con una risa sardónica llena de perversidad. Toda la familia estaba durmiendo, menos el padre y la madre: aquel le abrió la puerta á Francisco cuando vino y la señora se fué á su dormitorio después de la discusión del padre con el hijo.

Quince minutos después oyó la señora el ruido de un cuerpo que caía en el suelo y saltó de su cama hácia el cuarto de su marido. En las puerta encontró a Francisco con una hacha en la mano, el cual diciéndole “Madre, oh madre!” le dió de hachazos antes que ella pudiese contestar, derribándola en tierra.

Aquel demonio se salió del cuarto y encontrando en el pasadizo á sus hermanos Nataniel y Cárlos, que despertados con el ruido se habían arrojado de rodillas junto á su anciano padre, derribado también á hachazos por su hermano Francisco, hacían al herido los cariños que les dictaba su corazón. El hacha doblemente parricida se levantó de nuevo sobre la cabeza de los dos inocentes niños y Nataniel quedó horriblemente herido, logrando salvarse Cárlos con pocas heridas.

El asesino subió entonces la escalera que conduce al tercer piso, donde estaba su hermana M. Isabel y las criadas Juana Morphy é Isabel Carr. Todas se habían levantado con los gritos de los heridos: las criadas, que estaban en la escalera, cayeron bajo el hacha de Francisco. La señorita su hermana escapó porque tuvo miedo: creyó que en la casa había un asesino, y que Francisco lo perseguía: cerró su puerta con llave y empezó á gritar por la ventana pidiendo socorro. De las dos criadas la una aunque herida pudo correr y salir á la calle gritando por ausilio. La otra luchó con Francisco hasta quitarle el hacha; pero él la persiguió y recobró el instrumento, con el cual la dejó tendida en el suelo en un mar de sangre.

Los policías Hall y Morehouse forzaron la puerta de la calle y entraron en la casa. La señora Gouldy había bajado las escaleras buscando salida y estaba en la puerta como un espectro, vestida con su traje de cama y bañada en sangre. En el pasadizo del primer piso, y junto á la cama de su padre, se hallaban los dos niños Nataniel y Cárlos, el primero insensible y al parecer como muerto y el otro no tan mal. El primero nadaba en su propia sangre y en la de sus hijos. En el tercer piso se hallaba una de las criadas en estado completo de insensibilidad.

Pero no bastaban tantos horrores: en otro cuarto de la casa y con las agonías de la muerte, se encontró a Francisco que tenía agarrada una pistola de tres tiros, con la que acababa de suicidarse. Todavía respiraba cuando entraron los policías en su aposento; pero á los pocos minutos lanzó un resoplido y murió.

La calle entera se alborotó en un instante con la noticia y acudieron los vecinos para presenciar aquella escena, á la cual solo falta esta pincelada: el monstruo después de haber atentado contra la vida de su familia entera se desnudó, se puso la bata y las pantuflas y se preparó de un todo antes de darse la muerte. Su cadáver fué sepultado silenciosamente en el cementerio de Greenwood, hasta donde le acompañó un miembro de la familia de su madre.

A la hora en que escribo no ha muerto ninguno de los heridos, aunque el buen anciano, el niño Nataniel y una criada no dan ninguna esperanza de vida.

[…]

El folletín y la noticia escrita están más cerca de lo que imaginamos. Es indudable que este periodista andaba inspirado o ebrio cuando atacó el suceso de Pancho Goulby. Aunque, a juzgar por la réplica del asesino Madre, oh madre!”, tal vez fuera un seguidor de los dramas castizos del Teatro Tacón.

Sin contar las películas de Serie B, a cuántos hachazos puede sobrevivir un ser humano.

Porque, mientras yo hacía a la señora Goulby aterrizando en el más allá, ella estaba, escaleras abajo, al pie de la puerta. De igual modo, supuse que el padre de familia yacía en su cuarto, no en el pasadizo recibiendo las caricias de los menores. También las criadas fueron inmunes a los golpes del joven carnicero: ¿acaso no habían caído en el párrafo anterior?

Para aliviar las dudas e incentivar la diversión, activé los motores de la Biblioteca del Congreso. Positivo: once diarios repitieron íntegramente lo que publicó el New York Evening Post.

New York, 1858

NY, 1858

Adelanto los nombres reales de los implicados: Francis Gouldy (padre), Jane A. (segunda esposa de Mr Gouldy, es decir, madrastra del carnicero), Francis G. (Frank, homicida, 20 años),
Mary Eliza (hermana, 15 años), Nathan (hermano, 14 años), Charles Wesley (hermanastro, 5 años), Elizabeth Carr (sirvienta I), Joanna Murphy (sirvienta II). Morehouse y Hull (agentes del Distrito veinte).

Continuará…

1901: Sábado, 2 de Noviembre / Sábado, 7 de Septiembre

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Ripios del pasado All Hallowsʼ Eve  

Las “secuestradas de Palermo” están en sintonía con Todos los Santos. Me recuerdan nombres de Fieles Difuntos tan conocidos como Kaspar Hauser y Elizabeth Fritzl. Hoy son almas en pena, pasto de leyendas noctámbulas con un pasado real.

Ni San Pedro con sus llaves ni las once mil vírgenes libraron del encierro a estas dos mujeres. Fueron prisioneras de sus familias durante decenios. Cual trapos sucios que se lavan en casa.

La primera noticia que leí, había llegado con un mes de retraso al periódico argentino Caras y Caretas. Semanario festivo, literario, artístico y de actualidades:

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El prefecto de Palermo recibió noticia, el mes pasado, de que una mujer estaba «sepultada viva» en una casa de aquella ciudad, desde hacía varios años. Los agentes de policía enviados por el prefecto á la casa indicada, encontraron en una cueva obscura, que servía de depósito de carbón y con el techo tan bajo que nadie podía tenerse derecho allí dentro, á una pobre mujer, flaca, con los cabellos blancos y en un estado de repugnante desaseo. Hacía más de veinte años que su familia, compuesta de su madre, sus dos hermanos y su sobrino, la tenían en ese encierro para castigarla por un desliz amoroso. La infeliz estaba casi idiota, pero cuando se la sacó á la luz y en el hospital empezó á ser cuidada, comenzó á recuperar lentamente la inteligencia.

En vano registré algunas fuentes europeas del período. Tenía la vaga intención de hallar otros apuntes que enriquecieran el relato de la siciliana. Hubieran bastado el nombre de la víctima o la naturaleza de su culpa: ¿era lesbiana, incestuosa, infiel?, ¿se negó al matrimonio con el anciano rico benefactor de la madre?, ¿fue descubierta in fraganti encima de un sirviente? Hubo tiempo para fotografiarla, por qué no se publicaron declaraciones exclusivas suyas. De hecho, como también demuestra la imagen, había recuperado “la inteligencia”. Sobre todo en lo tocante a las técnicas del tejido. Por lo pronto, es difícil ir más allá. Mi fantasía se limita a clichés literarios.

No obstante, aparecieron las siguientes líneas del Señor Blasco en La Correspondencia de España. Sin ánimos de agobiar,

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Otra secuestrada

París 6,11’25 m.

Telegrafían de Palermo que, con motivo de una denuncia, la policía ha hallado secuestrada á una mujer llamada Juana Alessi, de treinta y nueve años de edad, en un cuartucho de la casa de su tía Serafina Calderone.

La infeliz estaba llena de inmundicias, casi desnuda, demacrada, siéndole imposible tenerse en pie.Tiene el cuerpo lleno de llagas.

Ha sido transportada al hospital San Saverio. Estaba secuestrada desde hace quince años. Le ha sido imposible contestar á las preguntas, pues ha quedado reducida á la imbecilidad.

Serafina Calderone y otras dos hermanas suyas han sido presas.R. Blasco

Si las imprecisiones de los textos descartan cualquier posibilidad de que las aludidas sean una misma persona, la degeneración era (es) el factor común en muchos hogares. A través de penitencias no aptas para claustrofóbicos, ambas palermitanas visitaron el purgatorio. Ocultas como polvo debajo de alfombra. Pero volvieron, dementes o idiotas, trayendo consigo la verdadera identidad de “la loca del ático”, personaje que el Romanticismo explotó hasta el cansancio.

Sedientas de venganza, las secuestradas de Palermo despertarán en cada mito de lloronas, ciguapas y brujas sardas que yo escuche.

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1920: Miércoles, 20 de Octubre

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En la década del 20, el ruido de los automóviles era un tormento para los caballos que transitaban por las calles de Bogotá. Seguramente, esas “bestias” de carga ya pensaban en sus suplentes mecánicos. Rastras, camiones refrigerados, furgonetas, cualquier invento humano que las librara de vivir con el carretón a cuestas distribuyendo mercancía en plena urbe.

El accidente de tráfico descrito por El Tiempo no está relacionado con choferes borrachos, peatones imprudentes ni excesos de velocidad:

El suceso de Antier

El lunes por la tarde, en la calle 24, cruzamiento con la carrera 7a, estaba estacionado el carro de resorte número 182, perteneciente a la Fábrica de Cerveza “Bavaria”. Entretanto, el carrero, que responde al nombre de Peregrino García, se ocupaba en la entrega de cerveza en la tienda número 44 de la misma calle 24. En ese momento la estridente bocina de un automóvil que pasaba muy cerca de los caballos, pitó ocasionalmente a la oreja de uno de ellos y esto fue suficiente para que el asustadizo animal comunicara el espanto a su compañero y juntos arrancaran precipitadamente del lugar donde estaban estacionados, siguiendo por la calle 24 abajo en una precipitada carrera, que nadie podía contener.

Grandes fueron los perjuicios que estos dos animales desbocados ocasionaron en su fuga irresistible: el carrero, al arrancar los animales, corrió velozmente con la intención de cogerles la delantera y así poder detenerlos. En efecto, se les adelantó pero para desgracia suya. Arrollado entre los fieros animales, fue arrastrado rudamente por el espacio de dos cuadras poco más o menos, dejando por toda la trayectoria abundantes huellas de sangre, que brotaba de todas las partes de su cuerpo.

En la esquina de la carrera 12 inconscientemente se escapó de semejante martirio pero quedando en estado de privación. Las contusiones que sufrió Peregrino son de extrema gravedad. El Agente Roberto Peña, que presenció el desgraciado acontecimiento, lo levantó moribundo y lo condujo a la botica del doctor Cervantes, quien le prestó los primeros auxilios médicos; en seguida fue conducido a su casa de habitación por orden del señor Gerente de la Fábrica de “Bavaria”.

Entretanto, los caballos continuaban su vertiginosa carrera. Todos los que pasaban por la calle 24 se entraban a los portones de las casas para escapar de ser atropellados. Finalmente, el carro vino a estrellarse contra un poste de la luz eléctrica, echándolo a tierra y dañando completamente todas las instalaciones vecinas.

Evidencias: Peregrino fue despedido sin indemnización ni protocolos sindicales. Bajo la prescripción del Gerente de Bavaria (no del médico), lo trasladaron del consultorio de Cervantes derecho a su domicilio. Él sabía las consecuencias de perder un lote de cervezas. De lo contrario, nunca hubiera cometido el acto suicida de frenar dos caballos asustados. La única persona con la responsabilidad de intervenir al momento, el agente Peña, esperó, como buen policía, que pasara el zafarrancho. El carro 182, el poste de electricidad son pérdidas relevantes en la noticia. En cambio, tanto el paradero de los animales como el de los causantes del desastre brillaron por su ausencia.

Tal vez el reportero no quiso salirse del tema.

La Bavaria nació en Bogotá, no en Baviera.

Brindo por  Peregrino García… y por sus caballos.

1915: Martes, 12 de Octubre

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Hace un siglo, encontraron un bebé muerto en la localidad de Onda, Castellón. El corresponsal de El Heraldo de Madrid no fue muy generoso con los detalles del suceso. No mencionó los móviles del crimen ni siquiera aclaró la identidad de la acusada.Tantos vacíos alimentarían la imaginación de cualquier lector mínimamente curioso. Quizá el siguiente mensaje telegráfico llegó a la redacción del diario en la noche, con la misma lentitud que los demás reportes de provincia:

Un infanticidio

En Onda se ha cometido otro infanticidio. Una criatura fue hallada en un estercolero, ignorándose si nació viva o muerta. La madre, que ha sido detenida, tiene dieciocho años y se apoda «la Llanera». También ha sido detenida otra mujer que la asistió en el parto.

Mientras los hombres estaban en el prostíbulo del pueblo, resulta fácil imaginar a las vírgenes y casadas de Onda con el fardo de la moral encima; a las meretrices y viudas alegres embarazadas por error; a las comadronas ejecutando sus servicios clandestinos para enmendar tales errores. Y al “bastardo” que, como en las telenovelas mexicanas, siempre recibía el desprecio por todos los flancos.

Miles serían los posibles finales de La Llanera. Hipótesis que no me ocupan ahora. Tampoco hay vestigios del otro asesinato que refiere el reporte. Sin embargo, en el citado periódico hallé una nota similar con fecha sábado, 15 de Mayo:

Infanticidio

En virtud de aviso de los Cuatro Caminos se personó el Juzgado en la calle de Tenerife, 1, para interrogar a Paula Sanz Arribas, que, según decían, había dado a luz en el reservado de la casa para ocultar su deshonra.
Cuando llegó el Juzgado se había formado una verdadera manifestación que vociferada indignada contra la desnaturalizada madre, y gracias a la intervención de la Guardia Civil se pudo mantener el orden.
Después de sacar e cadáver del recién nacido del «W.C.», un médico de la Casa de Socorro lo reconoció, apreciándole erosiones en el cuello y otras partes del cuerpo.
Paula Sanz se hallaba con una gran fiebre puerperal: pero los médicos autorizaron su traslado a la Casa de Maternidad.
En este establecimiento ha quedado a cargo del juez correspondiente.

Asimismo, la sección “Cartera del Reporter” del A B C madrileño notificó el caso Paula Sanz:

Ayer dio a luz Paula Sanz Arribas, de diecisiete años de edad, que prestaba sus servicios domésticos en la calle de Tenerife número I, hotel (Cuatro Caminos).
Deseando ocultar el suceso, se encerró en el reservado, y privó de la vida al fruto de sus pasados amores. [Fragmento]

La Llanera a secas; Paula, sirvienta de un hotel en Cuatro Caminos. Dos adolescentes que, como tantas anónimas de entonces, quedaron en manos de la “justicia” por crímenes bastante comunes en la época, según los especialistas que abordaron el tema. Pero, si el Espíritu Santo no las fecundó, dónde estuvieron los padres de esos niños sin nombre, por qué asesinar a sus hijos después del nacimiento y no durante el embarazo. ¿Eran los “pasados amores” de la Sanz una forma discreta de llamarla prostituta, o libertina? Deshonrosa, madre desnaturalizada, cuál era la cuota de ofensas asignada a los periodistas. ¿Era el mote La Llanera un cuño de marginalidad? Las respuestas no estarán a la vuelta de la esquina ni sobre el escritorio de algún historiador adicto a las estadísticas.

***

A propósito de difuntos inocentes, hace un siglo, la Primera Guerra Mundial era el telón de fondo. En el The day book de Chicago tropecé con una publicidad muy sugestiva:

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Cómo Tommy se protege de los gases en las trincheras

La imagen muestra un soldado británico usando una de las máscaras que han sido distribuidas a los hombres en las trincheras para protegerlos de los gases mortales del enemigo.

De los milagros de sobrevivir a los ataques de tabún y fosgeno con semejante trapo en la cabeza, solamente Tommy hubiera podido contarnos. La foto deja una duda de diferente calibre: si The day book se considera un periódico experimental y sin anuncios, qué es la imagen anterior sino una propaganda sutil para reclutar jóvenes. O tal vez, ¿un mensaje de consuelo destinado a familias con parientes en el campo de batalla? Sigo decantándome por la primera variante, jamás depositaría esperanzas en ninguna guerra y las causas “justas” no son mi fuerte.